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No nos vamos a dar ni un minuto de silencio – Sobre la Bichota de Huelga

  • Mar 7, 2021
  • 5 min read

Las redes sociales explotaron a causa del el video y canción llamando a la Huelga General Feminista “Vamoh Acicala”. Infinitos comentarios maldadosos y algunos muy pocos intentando ser constructivos, sobre por qué el 8m no es un carnaval, no se baila reggeaton, no se mueve la pota, ni se festeja.


Dificil ha sido enfrentarme a estos comentarios, escribí la letra de la canción y la canté con mis compañeras y me apenó bastante no encontrar muchos comentarios que le encontraran sentido a lo que habíamos hecho. Las felicitaciones han sido hartas de todas formas, pero han llegado por otros lados y ayudan a subir el ánimo, pero creo que escribir y reflexionar es lo que hay que hacer cuando pasan estas cosas, por atareadas que estemos. Espero que esta entrada no se lea como una defensa férrea al trabajo de la Coordinadora, y tampoco pretendo hacerme cargo de los miles de argumentos que ha suscitado, sino que lo escribo como una reflexión en base a los muchos comentarios que leí y las compañeras con las que conversé. Y me dedicaré a mirar dos cosas, primero la idea de que el 8M no es un carnaval o festejo y la segunda, la necesidad de continuar reivindicándonos desde el ser víctimas.





“es un día para conmemorar y ustedes lo hacen ver como una fiesta llena de glitter y perreo?


Si. Difícil ha sido intentar pasar de un 8M en el que los hombres o jefes nos regalan rosas a uno en que salimos a la calle exigiendo y deseando una vida distinta, siendo millones. Desde la marea que conformamos el 2016 con los llamados a marchar contra la violencia femicida y gritando juntas Ni Una Menos, el mayo feminista del 2018 y las Huelgas Generales Feministas del 2019 y 2020 hemos podido ir observando como nos negamos más a las rosas y nos disponemos más a la lucha. Y lo explicito así porque creo que más que un cambio en ellos, ha sido uno en nosotras, que ya no concebimos el 8M como el día en que nos agradecen por ser mujeres, seres dulces y angelicales, madres cuidadoras y abnegadas. Hemos decido que el 8M es nuestro día, pero que nadie tiene que venir a reconocérnoslo, porque es nuestra acción transformadora la que nos permite salir y hacerlo nuestro. En ese ejercicio nos hemos tomado la calle y las ciudades completas, hemos hecho nuestro el espacio público sin pedirle permiso a nadie, y hemos tenido a los poderosos como meros espectadores de una marea arrasadora. Esos que han querido y podido decirnos qué hacer y cómo hacerlo durante décadas, hoy no pueden controlar nada de lo que sucede en este día. Eso nos ha permitido expresar y descubrir un sinfín de formas que hoy consideramos también nuestra lucha.


¿Puede encontrarse la lucha en nuestros bailes y fiestas? Yo creo que sí. Los carnavales son parte de la historia de nuestra Latinoamérica hundida en las dictaduras, en la extracción de sus riquezas y explotación de sus trabajadores. Los pueblos latinoamericanos han vivido el horror y han sabido utilizar el carnaval y la fiesta como resistencia. Estamos aquí compañeras porque nos moviliza un deseo y porque en la lucha también encontramos placer, ese que siempre nos han querido negar.


Mi adicción al reggaetón no es secreta, chorrea por todo este blog. Y valoro y ensalzo cada momento que nos permita vivirlo sin culpa, que nos permita soltarnos y disfrutar, que nos permita dejar de vivir el dolor que habitamos a diario en un mundo desolado como este. Que nos permita acompañarnos y cuidarnos para volver a salir una vez más a la calle. Y hacerla nuestra. El glitter y el perreo me han ayudado a sobrevivir, el feminismo me ayudó a usarlos como escudo y espero que no me los quite. Aunque entiendo también, que no son el escudo de todas.


No se si es una fiesta, si es un carnaval o una conmemoración, no creo que tenga que ser una sola cosa tampoco. Pero si creo que ninguno de estos conceptos es esencialmente algo inamovible. No, el 8M no era una fiesta en la que nos pudieran reconocer otros lo hermoso de ser mujer, pero quizás si puede ser la fiesta en la que celebramos la potencia transformadora en que nos hemos convertido. No, el 8M no puede ser la canción de empoderamiento barato de Fallabella, pero si puede ser el carnaval en el que nos encontramos una vez más juntas. Un carnaval con harto fuego eso sí. Lo importante es que puede ser eso y a la vez ser un día de lucha, de reivindicación, de memoria de futuro, de llantos y vestidos de luto.



“Que humillante hacer esta wea para las víctimas



Me tomé la libertad de usar como título de esta entrada, una frase del comunicado público del llamado a Huelga: “Y no, no nos vamos a dar ni un minuto de silencio, porque no podemos. Al silencio no volvemos compañeras, y estamos aquí para gritar juntas, para levantarnos desde cada rincón y lugar” (véala entera en http://cf8m.cl/8-marzo-huelga-y-movilizacion-feminista/)


Lo tomo porque creo que guarda en él un deseo de muchas de dejar el lugar de víctima al que nos ha relegado el capitalismo patriarcal, el ministerio de la mujer, los gobiernos de turno y también, nuestras propias compañeras, integrantes del movimiento feminista. Pero muchas hemos decido dejar ese lugar. No porque no lo seamos, cada una sabe cómo el acoso y la violencia han sido parte de sus experiencias de vida, sino que, porque esa posición no nos permite movernos, no nos permite actuar, no nos permite pelear.


Es evidente que una centralidad para esta fecha y para el movimiento feminista es la violencia de género, probablemente la razón por la que la mayoría de las mujeres sale a marchar es el acoso callejero, la violencia femicida, intrafamiliar, en el pololeo, etc. Pero la Huelga General Feminista ha intentado poner en el centro que esa violencia que vivimos es parte, reproduce y sostiene un entramado complejo de relaciones de poder, de precarizaciones e injusticias de las que las feministas tenemos que hablar y que no se agota en los “temas de mujeres”. Las críticas también han sido muchas a la diversidad del programa que se levanta y a los muchísimos temas que toca y que al parecer se desvían de la centralidad que debería ser la violencia. Y lo es. Pero en su forma compleja de existir, no en su reducción temática.


Finalmente, el feminismo no es un campo de flores, es también un campo de batalla. Está lleno de opiniones diversas, de apuestas políticas que convergen o que divergen completamente. La decisión de algunas ha sido hacer un feminismo de masas, uno que pueda llegar a todas y todes sin tranzar su discurso crítico, revolucionario y transformador. A veces nos sale mejor que otras, pero por lo menos nos hemos hecho escuchar y nos ha hecho discutir. Y para la próxima será bueno repensar las formas que nos damos y mejorarlas.


No creo que deba existir una pseudo moral feminista que nos diga cual es la forma adecuada de manifestarnos y cual no. Creo que hemos tenido que explorarnos en montones de formas de lucha para poder llegar hasta aquí y que han sido también esas diversas formas las que nos han dado las ganas que hemos necesitamos para llegar. Alejémonos de las morales que nos exprimen y agotan como lo ha hecho la misma iglesia católica, abracémonos en las millones de formas de hacer Huelga. Y porfavor, salgamos acicalas mañana, a puro romperla .

 
 
 

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